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Manolita Fernández
Antecedentes biográficosNacida cerca del año 1900, no tenemos certeza de su fecha de nacimiento, sin embargo, ya aparece actuando hacia 1927. Su fecha de fallecimiento fue el 19 de junio de 1998, en la ciudad de Santiago. Manolita Fernández, estuvo casada con el actor de teatro y cine, dramaturgo y director de teatro Pepe Rojas, actuando en varias ocasiones juntos. Manolita Fernández desarrolló una extensa y versátil carrera teatral que refleja la figura clásica de la actriz de oficio, forjada en el escenario a partir de la experiencia directa y el aprendizaje constante al lado de intérpretes más veteranos. Su formación no pasó por las aulas, sino que se cimentó en la práctica diaria del teatro, en giras por el país y en compañías itinerantes donde cada función era una escuela viva. Este modo artesanal de hacer teatro, propio del periodo previo a la institucionalización de las artes escénicas en Chile, le permitió forjar un estilo propio, marcado por la espontaneidad, la sensibilidad y la ductilidad interpretativa. Si bien su protagonismo comenzó a disminuir con la irrupción de una nueva generación de actores formados académicamente a partir de la creación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile en 1941 y, más tarde, del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, Manolita no se apartó del quehacer artístico. Siguió ligada al teatro en distintas compañías y exploró otros formatos como el radioteatro, manteniéndose activa y vigente, aferrada a una concepción del arte escénico que privilegiaba la experiencia vivida y el contacto directo con el público. Su trayectoria encarna así una transición generacional en el teatro chileno, entre la tradición empírica de las compañías privadas y la irrupción de un modelo profesional y universitario que transformó profundamente el panorama teatral nacional. Comenzó en la compañía de Juan Ibarra y Leoncio Aguirrebeña; trabajó con destacadas compañías y actores como María Liopart, Alejandro Flores, Rafael Frontaura, Venturita López Piris y Enrique Barrenechea. Su talento la ha llevado a actuar en Bolivia y Perú, donde organizó una compañía teatral con la ayuda de la artista peruana Lina de Silva. Formó parte de la Compañía de Paco Ramiro, que anunciaba nuevo elenco para la temporada en el Teatro Esmeralda, en abril de 1927. Formaban parte del elenco, Angela Rosa, Alma Zimkeka, Lina Ovalle, Clara Castillo, Manolita Fernández, Olga Donoso, Marta Ubilla, Encarnación Miranda, Paco Ramiro, Juan Pérez, Marcelo Derval, Arnaldo Arellano, Humberto Onetto, Julio Cartagena, Bolívar Sánchez, Carlos De La Rivera, Valentin Heuser, Jorge Martínez, Humberto Barahona, Gerardo Tritini, Pedro Peña y Oscar Pizarro. Bajo la dirección de Paco Ramiro. Temporada 1932 en la Cía. de Venturita López PirisDurante septiembre de 1932, la Compañía de Comedias de Venturita López Piris y Leonardo Arrieta desarrolló en el Teatro Santiago una de las temporadas teatrales más ambiciosas del periodo, reuniendo un repertorio amplio en géneros y estilos. La apertura con “La mujer desnuda” de Henry Bataille marcó un estándar dramático que se expandió hacia el vaudeville con “El príncipe heredero” de Julio Sánchez Gardel, el suspenso británico con “Mister Beverley” (basada en The Barton Mystery), y el drama psicológico con “La llama sagrada” de Somerset Maugham. Musicales y adaptaciones como “Madame Butterfly” de V. Gabirondo y E. Enderiz, junto a piezas de hondo contenido emotivo como “Mamá ilustre” de Enrique Suárez de Deza y “Maternidad” de Roberto Bracco, reforzaron el perfil dramático de Venturita. La temporada también incluyó reestrenos como “La serpiente” y “Mocosita” de Armando Moock, así como la incorporación de obras nacionales como “Entre bastidores” de N. Yáñez Silva y “Un animal de costumbres” de Pedro J. Malbrán y Alfonso Reyes Messa. Comedias como “La audacia de Pomarol”, adaptada por Pepe Rojas, dieron paso al melodrama final con “Era una vez...” de Francis de Croisset. El cierre fue una función de homenaje con “Con las alas rotas” de Emilio Berisso. El elenco, conformado por figuras como Arrieta, Conchita Buxón, Avelina López Piris, Manolita Fernández, Guillermo Carvallo, Fernando Settier, Arnaldo Garau, José Grimaldi, Américo Vargas, Enrique Echavarría y Hilda Sour, logró una cohesión que consolidó a Venturita como figura central del teatro chileno. La temporada destacó por su valentía artística, amplitud de repertorio y conexión con el público, convirtiéndose en un verdadero mosaico escénico de la época. En la Compañía de Rafael FrontauraEn mayo de 1934, Manolita Fernández integró la Compañía de Rafael Frontaura, que iniciaba temporada en el Teatro Carrera con la presentación de las obras: "Madame Pepita", de Martínez Sierra y "Mecachis, qué guapo soy", comedia de Carlos Arniches. Se presentaba a Manolita como la primera dama joven del elenco, agregando los calicativos de "distinguida y simpática". El elenco de la Compañía estaba integrado por: Rafael Frontaura, primer actor y director, Hortensia Martínez Zamora, actriz argentina, Marcial Mannent, galán argentino, Lucho Córdoba, Ernestina Paredes, actriz peruana de dilatada carrera en Chile, César Soriano, Enrique Barrenechea, Hilda Sour, Marisa Valera, Margot Valverde, Elsa Alarcón, Rodolfo Onetto, Arnaldo Garau, Andrés Villa y Alejandro Casas (La Nación, 1934, mayo 01). La actriz en los años 40Junto a Pepe Rojas, formó una compañía de comedias, con la que montaron varias obras en las décadas de 1940. En una entrevista publicada por la Revista Ecran en 1942, la actriz chilena Manolita Fernández compartió detalles de su amplia trayectoria escénica y sus anhelos en el ámbito cinematográfico. Con más de tres meses de éxito en el Teatro Miraflores junto a la compañía de Juan Carlos Croharé, destacó su entusiasmo por una temporada que creía breve, pero que se extendía gracias al talento y estímulo del director: “Croharé vale. Uno siente su inspiración como director. Derrocha simpatía y estímulo” (Castillo, 1942, p. 22). Su carrera se inició en 1927 con una gira al sur organizada por Juan Ibarra y continuó en compañías tan diversas como las de Pedro Sienna, María Llopart, Alejandro Flores, Rafael Frontaura y su esposo Pepe Rojas. Aunque el periodista le mencionó que era llamada “la Claudette Colbert chilena” y que había realizado pruebas para el cine, la actriz se lamentaba de que los cineastas locales prescindieran de actores profesionales. A pesar de ello, confesó que el cine le atraía tanto como el teatro y que mantenía viva la esperanza de ser convocada a filmar, lo que ocurrió un par de años después (Castillo, 1942). En 1943, Manolita Fernández era parte de la compañía de teatro dirigida por Juan Carlos Croharé, junto a Felisa Herrero, Aracelly Márquez, Gabriel Tejel, Rodolfo Onetto, Pepe Rojas, Marta Ubilla, Leonardo Arrieta y Maruja del Solar. Esta compañía montó las siguientes obras: "El cadáver viviente" (reposición) de León Tolstoi, "No basta ser madre", "Dios se lo pague" (reposición) de Joracy Camargo y "Sangre y arena" de Amadeo González (La Nación, 1943). Su hermano, José Fernández Blanco, dramaturgo, guionista y colaborador de Pepe Rojas, falleció el 19 de octubre de 1946. Se le rindieron homenajes en el Sindicato de Autores Teatrales de Chile. José Fernández fue autor de la obra "El fabricante de lluvias", obra estrenada por la Compañía de Lucho Córdoba (Ecran, 29-octubre-1946, pág. 19). Una entrevistaEn 1946, Manolita Fernández, reapareció en el escenario artístico después de un año de receso. Su regreso coincidió con su primera incursión en el cine, protagonizando un papel en "Memorias de un chófer de taxi" bajo la dirección de Eugenio de Liguoro, lo que marcó un hito en su carrera. En una entrevista a Patricia Reyes, de Revista Ecran, Manolita expresó su alegría por esta nueva experiencia, destacando la paciencia y apoyo del director, lo cual la ayudó a superar sus nervios iniciales frente a la cámara. Además de su debut cinematográfico, Manolita fue contratada por el actor chileno Esteban Serrador para formar parte de su temporada teatral, que había sido muy aplaudida desde su inicio. Esta oportunidad le permitió reivindicarse ante el público, después de haber enfrentado críticas injustas y la ingratitud del ambiente artístico (Reyes, 1946). En la entrevista, Manolita demostró su pasión por el teatro y el cine, manifestando su deseo de seguir creciendo como actriz. Su papel en "Después nos divorciaremos", dirigida por Esteban Serrador Martí, representaba otro momento importante en su carrera, consolidando su reputación como una talentosa y versátil intérprete (Reyes, 1946). En la entrevista se señalaba que Manolita Fernández, estaba felizmente casada con el actor cómico Pepe Rojas, vivía en un cómodo departamento y combinaba su vida profesional con su rol de anfitriona, mostrando una personalidad exquisita, sencilla y cordial (Reyes, 1946). También trabajó en radioteatros, en Radio Cooperativa Vitalicia y Radio Nacional de Minería, con el programa dirigido por Pepe Rojas, "Un viaje a la Luna", con libretos de Fernández Navas. Anteriormente también trabajó en algunas emisiones con el actor Juan Carlos Croharé. En otra entrevista realizada por Sylvia Mann (1946), en el camarín del Teatro LUX, Manolita Fernández reveló detalles sobre su rutina diaria, dejando ver un estilo de vida marcado por el ritmo del teatro. Manolita admitió ser una noctámbula, acostándose generalmente alrededor de las tres de la mañana, tras finalizar sus funciones teatrales y pasar tiempo en los cafés del centro de la ciudad. Su horario de sueño comenzaba tarde, durmiendo profundamente hasta cerca de la una de la tarde. Durante las funciones, entre la "segunda llamada" y la "tercera llamada", se preparaba en el camarín, rodeada de compañeros y con buen humor, incluso mientras jugaba a "Telefunken" en su tiempo libre. La actriz destacó su amor por la noche y la lectura, actividades que ocupaban su tiempo cuando no estaba en el escenario. Esta rutina nocturna y su disposición alegre reflejan una personalidad vibrante y dedicada al teatro, con una vida adaptada al ritmo de las actuaciones y la cultura bohemia de la época (Mann, 1946). La crítica teatral del diario La Nación, firmada por Critilo (Seudónimo del artista y crítico teatral español Antonio R. Romera), destacó la femeneidad y corrección actoral de Manolita Fernández, en "Mi querido ladrón", obra de Aládar Laszlo, montada por la Compañía de Alejandro Flores, en marzo de 1951. (Critilo, 1951, p. 12). Sobre su participación en la obra "El seductor" (1953), del autor, André Birabeau (traducción de Renato Valenzuela), con la dirección de Alejandro Flores y Rafael Frontaura, el periodista de Revista Ecran (1953), señala: "Manolita Fernández encontró el tono adecuado para su temperamento: el drama intenso. La actriz supo sacar gran partido a numerosas escenas de profundo contenido, con réplicas incisivas, dichas de manera hábil y oportuna. Estuvo especialmente bien en aquellos instantes en que, demostrando ser una madre que defendía la felicidad de su hijo sobre todas las cosas, se tornaba intransigente y dominante con los que le rodeaban" (Revista Ecran, 1953). La función de estreno fue publicitada como un homenaje y beneficio para Manolita, que en aquel momento era la Primera actriz de la Compañía.
FallecimientoManolita Fernández falleció el 19 de junio de 1998, siendo enterrada en la tumba familiar de Pepe Rojas, en el Cementerio General de Santiago, ubicado en la comuna de Recoleta. Teatro
Cine
Fuentes
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