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Documento de Historia Nº 019. 13 de agosto de 2001


Murió la última ona a los 56 años (1999)



Según los investigadores, era la última sobreviviente de ese pueblo · La mujer había vivido pobremente en el cono urbano bonaerense y volvió a la isla donde el Gobierno le dio una casa.

Había días en que Virgina Choinquitel sentía que sus antepasados la llamaban desde la eternidad. Entonces, cantaba para sí en su casa de Río Grande: "El poder de aquellos que se fueron vuelven a mí./ Los del infinito me han hablado". Ella tenía 56 años y ayer murió. Era la última sobreviviente de los indios selknam, ese grupo de cazadores de los confines de América del Sur, al que los conquistadores, por obra del error o la desidia, bautizaron con el nombre de onas.

Según la antropóloga Anne Chapman, los selknam tienen unos 9.000 años. Representan, según afirma, "el modo de vida más antiguo de la humanidad; la edad de los útiles de piedra, del arco y la flecha".

Virginia sólo conoció esta historia a través de relatos. Durante muchos años, vivió en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires, en la mas profunda miseria.

Pero en 1989 logró volver a su tierra. Lo hizo con títulos de nobleza: Ciudadana Ilustre de la provincia. Virginia consiguió sus documentos de identidad y así el Gobierno municipal de Río Grande pudo gestionarle una pensión graciable y una casa. Ella ya estaba casada con Nino, un descendiente de italianos que murió tiempo después. Fue difícil sobrellevar la pérdida. Y según confían sus amigos, "ser la ultima de una raza exterminada por el hombre blanco fue una carga también dificil de soportar." "Virginia era la última india pura. No hablaba ni una palabra de ona, pero se consideraba orgullosa de su raza. Conocía como nadie la historia de su pueblo y su cultura". Habla uno de sus más entrañables amigos, el padre José Zink, director de la misión salesiana La Candelaria, a pocos kilómetros de Río Grande. Allí vivió Magdalena Saenes, la madre de Virginia, que murió cuando ella sólo tenía cuatro años. Lo mismo ocurrió con su padre, Natalio Choinquitel, que vivía en Chile.

Además de haber sido el hogar de su madre, la misión salesiana fue el lugar en el que los selknam se refugiaron de la matanza conquistadora de principios de siglo.

Algunos historiadores discuten sobre el origen de este grupo indígena: se cree que eran parientes de los tehuelches que llegaron desde el norte de la Patagonia y cruzaron a la isla de Tierra del Fuego en embarcaciones de otros grupos indígenas: normalmente, no usaban naves. Pero nadie discute cómo dejaron de existir.

A mediados del siglo pasado había unos 3.600 onas en Tierra del Fuego, y llegaron los estancieros. Se apropiaron de los guanacos que los selknam cazaban para subsistir, y combatieron a los indios como a ladrones de ganado. Lo mismo ocurrió con hombres que vinieron afiebrados por el deseo de un oro que se acabó pronto.

Los estancieros, afirma el antropólogo Miguel Angel Palermo, pagaban muy bien por cada indio muerto, y los mineros, sin nada que buscar ni encontrar, necesitaban dinero para vivir. El exterminio fue exitoso. Los onas murieron envenenados, molidos a golpes, heridos por balas de fusil, o enfermos de sarampión, dicen Palermo y otros investigadores. Algunos se refugiaron en misiones religiosas como la salesiana, otros, rendidos, se convirtieron en peones de campo.

Palermo sostiene que en 1930 ya sólo quedaban 100 onas. En 1970 eran diez. En 1994, cuatro. Un año después murió el último hombre, don Segundo Arteaga. Ayer murió la última mujer.

La muerte de Virginia, sin embargo, no fue recibida en silencio. En Río Grande, toda la comunidad de descendientes de este grupo exterminado realizó una serie de homenajes y reclamos reivindicatorios.

Fanny Morales, directora del Museo de la Ciudad, recordó los versos declamados por Virginia "en los momentos en que sus antepasados indios la buscaban": "Estoy aquí cantando, el viento me lleva / estoy siguiendo las pisadas de aquellos que se fueron. / Se me ha permitido venir a la montaña del poder, / he llegado a la gran cordillera del cielo, camino hacia la casa del cielo. / El poder de aquellos que se fueron vuelven a mí. / Los del infinito me han hablado".

Los restos de Virginia serán sepultados hoy en el cementerio local, junto a la tumba de su marido Nino.

Tomado del (Diario El Clarín Digital 03/06/1999)




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