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Poetas Chilenos forma parte de "Revista Espartako.cl". Santiago - Chile - 2024 Dedicada a Mi hijo Carlos Ernesto y a mi nieto Lucas Ir a Inicio
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Antologados por Carlos Martínez M.

José Domingo Gómez Rojas
(1896 - 1920)


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El suburbio


       El otoño es más triste en el suburbio
los obreros que sufren de mil modos
aplacan su dolor con vino turbio...


                      I

       -Cuando voy al suburbio doloroso
yo siento que mi alma extremecida
entona el salmo -cántico tedioso-
que entonan los que sufren en la vida.

       El suburbio es arteria sin reposo.
El suburbio es la llaga, es la herida
de las urbes modernas; es el foso
y el abismo mortal y fratricida.

       El suburbio es la copa de veneno
donde fluyen anónimas tristezas
de todos los que marchan por el cieno.

       El suburbio es muy triste, de tal modo
que su seno no encierra más bellezas
que las flores que nacen en su lado.


                        II

       -La luna melancólica, que brilla
como una diosa entre turgente raso,
derrama en el suburbio su plumilla
de la luz, cual huella que deja a su paso.

       Y cual virgen que marcha en su barquilla
por el azul del lago, deja un trazo
hasta que llega a la esperada orilla.

       Perdiéndose muy triste en el ocaso.
Entonces el suburbio es como un muerto
que poseen las sombras misteriosas
en un páramo sombrío, triste y yerto.

       Y en medio del silencio que es oprobio,
en los seres que duermen y en las cosas
la muerte arroja su fatal microbio.


                       III

       El suburbio es un cáliz de dolores
donde nunca la Diosa Primavera
tiende su manto diáfano de flores,
ni su risa que es ráfaga de parlera.

       El verano con todos sus colores
azota el conventillo que es hoguera
donde fermentan todos los furores
que habrán de eclosionar... ¡Nada se espera!

       El otoño es más triste en el suburbio
Los obreros que sufren de mil modos
aplacan su dolor con vino turbio...

       El invierno más triste, más sombrío.
Los obreros transformándose en beodos
y ruge el viento "La canción del Frío".


                       IV

       En las noches los perros tristemente
ladran y sus ladridos dolorosos
parecen una queja largamente
pensada...

       Los ladridos son sollozos
Hay tristeza que vaga en el ambiente
como un manto sutil.

       Los temblorosos gemidos
de los canes y la gente
se confunden en llantos quejumbrosos.

       Cuando ladran los perros ¿Quién no advierte
que vaga por el éter cierta sombra?...
¡Esa sombra fantástica es la muerte!

       Cuántos lloran las penas más solobres
la locura hermana de la sombra
es también fiel hermana de los pobres.


                       V

       Cuando veo una turba de chiquillos
correr sucios, jadeantes y haraposos
por los grandes y hediondos conventillos
como perros hambrientos y rabiosos

       Me parece que veo fulgeos brillos
en sus ojos profundos y ojerosos...
-Esos chicos más tarde sus cuchillos
forjaran por herir los poderosos-.

       Más tarde sufrirán rojos dolorosos
y esa tropa de niños ese enjambre,
sabrá lo que es sufrir con los señores.

       Y todas sus grandiosas esperanzas
las verán convertidas en el hambre
que a los pobres arroja a las venganzas.


                     VI

       El sol lucha sus ampos de mañana
con una roja, luminosa tea
que alumbrará los campos donde humanas
turbas fuera emprender brutal pelea.

       De la torre los fieles, la campana
llama con el badajo que golpea;
y a los obreros, doliente caravana,
el humo llama de la chimenea.

       Empieza para el pobre la jornada
que torna el rostro róseo en amarillo
y cada obrero es: bestia cansada.

       Y una bestia cansada es cada obrero
que parece entonar con su martillo
la canción formidable del acero.


                   VII

       Y empieza la jornada que es poema,
que es poema de ímpetus salvajes
y el obrero que sufre y que blasfema
siente el vértigo atroz de los mirajes.

       La fragua purpurina el rostro quema
las máquinas agitan sus correajes
y en ese movimiento una suprema
fuerza crispa los férreos engranajes.

       Las máquinas emprenden sus faenas
como bestias jadeantes llenas de ira,
sujetas por las lúbicas cadenas.

       Y en los negros y cóncavos hornillos
se enciende del carbón la roja pira...
y cantan en los yunques los martillos.


                   VIII

       Tras un corto descanso los obreros
prosiguen sus labores en la usina.
Las frentes son cercadas por regueros
de sudor. -cada gota cristalina
tiene el brillo fugaz de los aceros
que una chispa de luz rauda ilumina.
Los semblantes son lívidos y fieros
y en cada faz, cansancio se adivina.

       Cuando el sol se aproxima a su crepúsculo
las campanas golpean su badajo
y el obrero descansa de su músculo.

       Y salen los obreros en cuadriga
lentamente y al peso del trabajo
murmuran la canción de la fatiga.


                  IX

       Y van por calles empedradas
cabizbajos, muy tristes, silenciosos
como si en las espaldas fatigadas
llevaran una cruz.

       Los poderosos brazos cuelgan.

       Las frentes arrugadas
reflejan el dolor y esos colosos
semejan sus venganzas maniatadas.

       El suburbio se agita. Hay movimiento.
El sol en el crepúsculo se apaga
como un rojo perdón... todo sangriento.

       Ha cesado la bulla en las usinas.
Hay mucha sombra que en el éter vaga
y cantan sus fanfarreas las cantinas.


                  X

       La cantina! Tus fauces traicioneras
exhalan los más fétidos olores;
tu haces de los borrachos viles fieras,
en tí bebe Caín rojos furores.

       En tí pierden su honor pobres obreros,
tú eres el alma vil de los señores,
en tí se encuban todas las rameras,
en tí se engendran todos los dolores.

       Tú engendras el mendigo del hospicio,
tú engendras la locura en el poeta,
tú clavas en las vírgenes el vicio.

       En tí pierde el vigor toda su savia
y de tí brotará roja saeta
purpúrea como la "Canción de Rabia".


                       XI

       El suburbio es un bardo que sus gestas
dolorosas, tremendas, formidables,
tiene el resonar de las protestas
en los labios de ilotas miserables
los obreros de grandes, torvas testas
y nervios retorcidos como cables
algún día alzarán frentes anhiestas
y harán caer los tronos execrables.

       Entonces cesarán todos los llantos
y el pueblo rugirá cual león herido.

       Entonces cada nervio, cada arteria
se agitará, y en los furores santos
se entonará el gran "Salmo a la Miseria".


                 XII

       Suburbio! cuna de futuras razas.
Suburbio! tu eres pira redentora.
Tú eres el germen de las amenazas
y el génesis de la futura aurora.

       Tú formarás atilanas hordas,
tú rugirás el grito prepotente
de los más formidables "Sursun Cordas".

       Tú serás cual las raras paradojas
y tú serás el germinal potente
del gran Fiat Lux: El de las Misas Rojas!



       12 de febrero de 1913.

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